jueves, junio 09, 2022

OJITOS

Hazme unos ojitos, anda hazlo para ella, le decía amorosa su madre. La niña se ruborizaba y parpadeaba sus ojitos muy seria enfrente suyo y de la abuela, se echaba el pelo detrás de los hombros y después de secarse las palmas de las manos contra la falda, se paseaba un rato mirando cómo le cantaba, no sabía cuanto, casi siempre hasta que se le agotaba el repertorio o simplemente ya no le apetecía seguir.

Apenas la veía, pero detrás de la luz se dibujaba una sonrisa seria. Ella no sabía para qué buscaba ese estado. Nunca parecía tener bastante. Esa imagen la tuvo pegada a la cabeza como una mancha de salsa durante mucho tiempo, doliéndole la carne en los huesos hasta encenderle los ojos.

Ella conocía el parche balsámico que allanaba sus miedos. Cuando sus recuerdos bombeaban tanto ácido que asfixiaban, estirando la mano prendía la luz del flexo, la dirigía directa a su cara y cerraba los ojos corriendo, corriendo, para no ver a quien no estaría ya más detrás, y restregando su carita contra la almohada y buscando el lugar más cómodo para dormir mirando las estrellas tarareaba esa canción que tanto le cantaba ella cuando le decía que le hiciera unos ojitos...

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